
Vengo a relataros una breve pero intensa historia de amor que escuché hace unos días en alguna de las radios madrileñas:
Mirándome en el espejo, puedo verme a mi misma con 40 años menos. Puedo, por suerte, recordar muchas cosas vividas. Unas buenas, y otras no tanto. Pero, si he de recordar un momento hermoso, es el día en que me enamoré de José. Era el año 71, yo era una niña de 17 años. Recuerdo bien aquella tarde de domingo, hacía un frío helador en Barcelona, y no paraba de preguntarme qué hacía yo con aquel chico delgaducho, que ni siquiera era de “buena familia”.
Después de un café no muy bueno, y una conversación banal, fuimos al cine a ver “Españolas en París”, todo un éxito de la época, pero que a mi no me gustó demasiado. Salimos del cine y José se quitó aquella chaqueta que aún olía a barniz y la puso sobre mi espalda. En ese preciso instante me regaló la caricia más tierna, cálida y sincera que una mujer puede desear.
Nos casamos y tuvimos 2 hijos. En cada aniversario íbamos a ese mismo cine a ver cualquier película romántica que dieran. Cuarenta años después, mi marido fallece a causa de un cáncer de huesos. Lo último que pidió fue que le llevara por última vez a aquel cine en el que empezó todo. Hoy han terminado de demoler ese cine, que era parte de mi vida. Hoy, se hacen vivos los recuerdos, aquella película no era tan mala, y el olor del barniz se vuelve el mejor de los aromas.
me encantan este tipo de historias, soy un romantico....jejejejeje. vaya giro que le has dado al blog!!!me gusta.
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