Bueno ahí va:
Nadie puede decir,después del tuiteo intenso de la semana pasada,que el arriba firmante sea muy pro-Benedictus o aficionado al agua bendita. Ni que monseñor Rouco pueda considerarme miembro conspicuo de su club de fans. Aclarado eso, diré que hubo una foto esta semana que me hizo echar la pota. Un energúmeno con las venas del cuello hinchadas, desaforado, gritándole en la oreja a una muchacha asustada que besaba un crucifijo.
Creo que la foto a la que se refiere es esta, pero no estoy seguro:
Se sentía provocado, por lo visto, hasta estallar de cólera, porque la chica rezaba. Será un reflejo de educación machista, o lo que sea. De mis 59 tacos. Pero ese pavo aullante me dio vergüenza ajena. De ser hombre. Me recordó aquella foto de Capa con los héroes de la Resistencia (de última hora, claro) riéndose de una pobre mujer a la que paseaban. La habìan rapado y la paseaban con su hijo en brazos y la esvástica pintada en la frente. Tronchándose de risa. Algo me dice que el mecanismo íntimo de una y otra foto no es por completo diferente.
Quizá porque cuando trabajaba en sitios oscuros vi a mujeres indefensas a las que también gritaban, con crucifijo o sin él. Unos gritaban, y otros hacían cosas peores. Todo muy tradicional: perra bosnia, perra croata, perra judìa, perra cristiana. Vieja historia. Trabajando en aquellos lugares (21 años dan de sí) también me avergoncé muchas veces de ser hombre. Ser hombre empeora al ser humano. Creo. No es una teoría sociológica. Sólo una impresión de vida. Seguramente errónea. Esa vida me hizo subjetivo, supongo.
Lo mismo sólo es vieja deformación profesional, y aquel energúmeno gritándole a la chica asustada,porque rezaba,sea lo más normal del mundo. Lo más normal de este puto y confuso mundo. Quizá por eso hay días en que me encanta el olor a napalm por la mañana.
Aunque esta mañana, mi muy octogenaria madre estuvo sembrada: "Hijo mío, en el 36 te habría fusilado cualquiera de los dos bandos". Le contesté "Primero tendrían que cogerme vivo, mamá". Todavía me estoy riendo.
Aclaremos una cosa, pues hay muchas preguntas sobre eso. No tengo rencor a los católicos. Mi madre lo es, por ejemplo. Y mucha veces escribí sobre la deuda cultural de Europa con la Iglesia. Me parece de perlas, además, que millones de jóvenes se lo pasen de maravilla jaleando al papa. Igual me da eso que si jalean a Shakira. Lo que sí tengo es rencor histórico por siglos de confesores reales cuchicheando al oído de los reyes, señalando a quién quemar. Por los daños irreparables que desde los púlpitos se hicieron en España a la razón y el progreso. Daños que todavía pagamos hoy. Así que no me mezclen las churras con las merinas. Yo no las mezclo. Uno puede respetar muchísimo a las churras, y detestar a las merinas. Sobre todo merinas de obispo para arriba.
En realidad, el problema surgió cuando el listo de la tribu señaló el relámpago, dijo "Ahí está Dios" y se proclamó intermediario. Y eso vale para Benedicto, para el Islam, para el Dios del Sinaí y para el vivales que los engendró a todos, la diferencia es que para lo bueno y para lo malo (eso incluye,insisto,lo bueno), nuestro mundo occidental se formó sobre bases cristianas. Ignorar esa influencia es vivir huérfanos. Sin las claves antiguas que nos explican. Por eso creo que la religión católica no debería ser enseñada en los colegios como guía espiritual, sino como imprescindible clave cultural. Lo otro, desde mi punto de vista, es seguirle la corriente al listo de la tribu. Que, por otra parte, hace mucho dejó de ser el más listo.
Mi reflexión sobre todo esta asunto no es exactamente la misma, pero bastante similar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario